Acércate y baja
A la altura de sus ojos, voz baja, sin público. Tu cuerpo en calma es el primer remedio.
Regular emociones no es un talento con el que se nace: es una habilidad que se aprende, y la parte del cerebro encargada recién madura del todo en la vida adulta. Hasta entonces, el niño toma prestada tu calma. Este es el paso a paso para enseñarlo cada día.

Durante una rabieta la parte del cerebro que razona está casi apagada. Explicar, discutir o aplicar consecuencias en ese momento no entra: el niño literalmente no puede procesarlo. Primero viene la regulación (presencia, voz baja, cuerpo cerca); la conversación llega después, con el sistema nervioso más tranquilo.
Nombrar lo que se siente es el atajo más potente: cuando la emoción tiene nombre, se hace más pequeña. 'Estás frustrado porque la torre se cayó' calma más que 'no fue nada'.
A la altura de sus ojos, voz baja, sin público. Tu cuerpo en calma es el primer remedio.
'Estás enojado.' 'Eso dio miedo.' Nombrar valida sin aprobar la conducta.
Soplar velitas imaginarias, apretar un cojín, beber agua, pisar fuerte diez veces.
Ya en calma: '¿qué podemos hacer distinto la próxima vez?' Ahí sí entra el aprendizaje.
Emociones enormes y vocabulario mínimo. Foco: nombrar por él y sostener juntos. Las rabietas diarias son típicas, no un fracaso de crianza.
Empieza a identificar emociones básicas en sí mismo y en otros. Los libros y el juego simbólico ayudan mucho.
Puede usar estrategias simples (respirar, pedir abrazo, alejarse) si las practicó antes en momentos de calma.
Habla de lo que siente, entiende emociones mixtas ('emocionado y nervioso') y resuelve conflictos con guía suave.
Guarda tres o cuatro en la memoria: en el momento difícil, tener la frase lista salva.
Contenido informativo. Rabietas muy intensas o frecuentes, o agresión persistente, merecen evaluación de pediatra o psicólogo infantil.
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